Gonzalo Arbutti es un artista argentino que nació en el 1972. Vive y trabaja en Buenos Aires. De chico, pasaba mucho tiempo en el taller de su abuelo, tornero naval, que le enseñó cómo usar las máquinas. Estudió diseño, comunicación visual y Bellas Artes en La Plata, provincia de Buenos Aires. En el 99, fundó con un amigo diseñador la marca “Cubo”. Esta línea de 12 juguetes de madera, destinada al aprendizaje y la motricidad del niño, tuvo un verdadero éxito. La venden primero en el Museo de Arte Latinoamericao de Buenos Aires (MALBA) y luego en el MoMa, en Nueva York. Desde hace 3 años, Gonzalo se instaló en su propio taller en el barrio de Chacarita, donde da clases de carpintería y realiza pedidos a medida. También expone en Praxis, una galería de arte presente en Buenos Aires y Nueva York. Son muchos los transeúntes que se detienen en la calle para admirar un rato la intrigante vidriera del taller de Gonzalo, donde nos recibe.

1) Tus creaciones son bastante variadas en sus formas; ¿Cual es su hilo conductor? ¿Comó definirías tu obra?

La frontera entre diseño y arte es muy fina. Odio que me quieran poner en una casilla: carpintero, diseñador, artista, escultor… todo se conecta. Lo que me apasiona desde siempre, y que es el punto común a todos estos ámbitos, es estudiar las formas y la morfología. Entre otras cosas, me interesan los motivos que se repiten hasta el infinito, de manera muy tántrica, como los mandalas. Muchas de mis obras se construyen alrededor de estas repeticiones de formas.

Lo que más me cautiva en las formas, es sacarlas de su contexto, verlas con otra mirada. Tengo por ejemplo una pequeña anécdota con el Autotop, un pequeño auto que creamos en colaboración con Mon Petit Art. Estaba trabajando sobre un monopatín de madera y extraje la pieza juntaba las dos ruedas. Lo miré con atención y parecía… ¡a un pequeño auto! Lo trabaje un poco, y así nació Autotop. En realidad, toda creación nace así, a partir de la forma. No existe el diseño; sólo existe la morfología.

Lo que me inspira, es el misterio en la creación. Las cosas aparecen porque las buscamos; el objeto toma forma de a poco entre nuestras manos, de manera espontanea. Hay algo misterioso en la espontaneidad de la creación. Por eso trabajo con la madera.  Además de tener una conexión personal con su olor y su textura, es un material muy maleable: se puede dar muy rápido la forma que uno ha imaginado. En este sentido, es muy distinto del hierro, por ejemplo, que es más mineral, más difícil de poner en forma. Pero la espontaneidad en la creación no le quita a mi obra una dimensión refinada, trabajada, en los cortes y los colores por ejemplo.

2) Acompañas a Mon Petit Art desde el principio. ¿Nos puedes hablar un poco de su colaboración?

Conocí a Lucila, la creadora de Mon Petit Art, hace más de 15 años, en el 2000. Venía regularmente a la tienda de Cubo para comprar juguetes a sus hijos. Compartimos mucho nuestra concepción del arte, del juguete y su rol en el aprendizaje de los niños. En aquella época, ella ya tenía en mente fundar una marca de juegos y actividades artísticas. Lo hablamos mucho juntos. Cuando nació Mon Petit Art, desde el principio, creamos juguetes juntos, ¡y funcionó genial!

Con Mon Petit Art, pasamos mis obras al juego. Nos preguntamos como sacar la obra de su lugar, como intervenirla, tocarla, para llegar a un juego. Por ejemplo, Triada es un juego de construcción directamente inspirado de mis tramas; es como si habíamos extraídos sus piezas de mis obras.

Unas de las piezas más emblemáticas de Mon Petit Art, es Robotop, un pequeño robot articulado de madera. Nació de mis ganas de ensamblar cosas; no solamente piezas, sino también texturas, como el acrílico y la madera. La idea del robot me vino de manera muy natural; primero porque son formas bastante duras, es más fácil crear un robot que una silueta humana. Segundo, porque el robot forma plenamente parte de mi imaginario; nací en los 70, cuando el futuro que imaginábamos era, si o si, robótico…

3) Tus creaciones tienen una dimensión muy lúdica. ¿Qué te atrae en el juego?

Todas mis obras están vinculadas al juego. Siempre busco crear objetos y formas lúdicas. Los juegos de mesa, tipo Monopoly, ¡me aburren un montón! Más, me pone muy nervioso tener que seguir todas las reglas del juego. No, lo que me interesa, es el objeto del juguete en sí. Si lo piensas, todo empieza con el juguete. El bebe que agarra un juego toca por primera vez algo que no es su cuerpo, ni el cuerpo de sus padres… Hay una conexión, una relación que se establece con el objeto.

Los juguetes me parecen interesantes en su relación con el espacio. El juego en sí existe porque el objeto ocupa el espacio de distintas formas, y que sus componentes se relacionan entre ellos. Esta idea es muy presente en los juegos que creamos con Mon Petit Art. En este sentido, las piezas del Triada Star tienen una forma muy rica. Se pueden encastrar de diferentes maneras, creando formas muy distintas. Los Mini Cubos también; es un solo gran cubo que se fragmenta en numerosas piezas que uno puede poner en relación, ocupando el espacio de diferentes maneras.

Creo que también me gusta el juego porque permite abstraerse de la realidad, como en una burbuja fuera del tiempo… un poco como este barrio, Chacarita. Todo está más tranquilo, la gente se toma el tiempo para hacer las cosas…


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